
Aunque el uso del casco no está generalizado en el mundo del esquí, exceptuando los casos de competición o esquí extremo, cada vez más esquiadores se dan cuenta de que llevarlo puede salvarles la vida. Las lesiones craneales en las estaciones de esquí no están a la orden del día, normalmente las caídas o los choques con otros esquiadores suelen saldarse con unas magulladuras o, en el peor de los casos algún hueso roto, pero eso no debe hacernos olvidar que al menos una docena de personas mueren en las estaciones españolas cada año a causa de lesiones en la cabeza como consecuencia de una caída o choques contra árboles o piedras.
Muchas veces entre los propios esquiadores se asocia el uso del casco a los "fantasmas" que tan sólo quieren hacerse notar, lo que hace que a muchos les produzca cierta vergüenza ponérselo, otras veces es tan solo por cuestión de estética o por no parecer "menos" ante el resto de esquiadores, pero el caso es que llevar el casco en una estación todavía sigue siendo algo excepcional. La recomendación de los expertos es llevar el casco siempre, ya seas un experto o un novato, ya que aunque te consideres un esquiador lo suficientemente hábil siempre puede llegar un "loco" fuera de control que te haga sufrir un desgraciado accidente. Por supuesto, en el caso de los niños, el casco es un elemento esencial, ya que se encuentran más expuestos a ser arrollados.
El casco debe amoldarse perfectamente a nuestra cabeza y no entorpecer la visión. Para ello antes de salir a la nieve debemos probarlo con las gafas de sol puestas para comprobar que se ajusta sin problemas. Los últimos modelos de cascos están hechos de materiales como la fibra de carbono o el PVC, muy ligeros y resistentes a la vez. Por último hay que decir que el hecho de llevar casco no debe hacernos olvidar que las mejores medidas de seguridad son la precaución y el sentido común.